Cuando el reloj de la Monumental de Barcelona marcaba las seis y media de la tarde y José Tomás pisaba el albero embutido en un terno verde musgo y oro había dado comienzo la que ha podido ser última tarde histórica taurina en Barcelona. La gente le recibió en pie por el gesto, por torear desinteresadamente y por el apoyo del madrileño a la Fiesta en una tierra en la que la minoría hace más ruido que la mayoría.

José Tomás fue salvado las complicaciones de cada toro. Quizás no hubo esa faena soñada que se esperaba, pero también es verdad que los toros no acompañaron. José Tomás se entregó de principio a fin, deseoso de triunfar en una de las plazas en la que ya es leyenda viva del toreo. Se puso en el sitio, su sitio, que es el sitio en el que cogen los toros y por ello tuvo que sobreponerse a dos impresionantes volteretas. En ese sitio el madrileño toreó con tremenda pureza por ambas manos, con las zapatillas clavadas en el albero y obligando a pasar al toro por donde no quería. Ese es el gran secreto de José Tomás. El toro noble pasa por donde el madrileño quiere y el toro con complicaciones que no quiere, acaba pasando. Su mérito es que para que esto pase no cambia su tauromaquia, pues todo es a base de pureza, técnica, temple, mando, toque y bragueta.

Al final de la tarde José Tomás se llevaba al hotel cinco orejas y una buena paliza, aunque en tardes así, ambas cosas son lo de menos, porque lo más importante que se el madrileño se llevó de Barcelona fue el reconocimiento, la admiración, el respeto y el corazón de todos los aficionados que allí se dieron cita. El ambiente y el llenazo hasta la bandera con la reventa por las nubes quedará para la historia de la plaza, del toreo y de la ciudad. José Tomás venció, y con él, también la Fiesta.
A partir de ahora solo queda esperar. La Fiesta en Cataluña, y más concretamente en Barcelona, único punto en el que se celebran festejos, tiene un estoconazo en el hoyo de las agujas. La minoría antitaurina hace mucho ruido, la mayoría taurina solo se deja ver cuando torea el de Galapagar y los profesionales taurinos callan y no mueven ficha ni para bien ni para mal.
Hace escasas semanas con Morante, El Juli y Manzanares, la Monumental solo se cubrió en un escaso medio aforo. A lo peor, tenemos lo que nos merecemos.

Lo único que podemos hacer desde ya es dar las gracias a José Tomás Román Martín, José Tomás, por contribuir de una forma histórica, aplastante y rotunda a que la Fiesta no desaparezca en una de las tierras que la vió nacer y crecer.
Gracias maestro
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