José Tomás Román Martín nació el 20 de agosto de 1975 en Galapagar (Madrid). Es sobrino-nieto del ganadero Victorino Martín, siendo su abuelo Celestino Román quien le inculcara la afición por los toros.
Actuó por primera vez en público el 25 de julio de 1989 en Colmenarejo (Madrid), mientras que su debut vestido de luces se produce el 7 de febrero de 1991 en Valdemorillo (Madrid). Debido a la dificultades para torear en España marchó a México con la intención de torear tres novilladas. Sus continuos éxitos le convierten en un ídolo en el país azteca.

Debuta con picadores el 24 de junio de 1993 en Benidorm (Alicante) con Antonio Barrera y Canales Rivera como compañeros de cartel y con novillos de Román Sorando.
Su debut en la plaza de toros de Las Ventas se produce el 24 de septiembre de 1995. Le acompañan en el cartel Luis Miguel Encabo y Rafaelillo quienes lidian novillos de Las Ramblas. Ese día corta una oreja a cada uno de sus oponentes y consigue abrir la Puerta Grande de Madrid. Comienza así un idilio con la afición madrileña que parece no tener fin.
Vuelve a México para tomar la alternativa el día 10 de diciembre de 1995 con Jorge Gutierrez de padrino y Manolo Mejia de testigo y con toros de Xajay. Confirma la alternativa en San Isidro de 1996, concretamente el día 14 de mayo, con Ortega Cano y Jesulín de Ubrique en el cartel y ante astados de Jandilla consiguiendo cortar una oreja al toro que cerraba plaza.
A partir de ese momento comienza una carrera estelar que le coloca en lo más alto del toreo. No hay plaza española que no vea triunfar a José Tomás. En el año 2000 decide no actuar en todas aquellas ferias que sean televisadas y en el año 2002 decide retirarse tras torear en Murcia.

Muchas fueron las especulaciones sobre la supuesta vuelta a los ruedos de José Tomás. Dicha reaparición se produce el 17 de junio de 2007 en la Monumental de Barcelona consiguiendo cortar tres orejas. El 4 de noviembre de ese mismo año sale por primera vez a hombros en México.
Visto por los aficionados y taurinos como torero de época y de pasiones afrontaba la temporada del 2008. Una temporada que a la postre estaría completa de éxitos rotundos. Sus actuaciones en Málaga, las siete orejas que cortó en sus dos comparecencias en Madrid y el toro que indultó en Barcelona en La Merced quedarán en la memoria de los aficionados.

La carrera de José Tomás siempre ha estado marcada por la calidad más que por la cantidad. Es un torero que levanta pasiones entre aficionados y público en general. Su valor, su temple, su empaque y todo el misterio que le rodea hace que su nombre esté ya grabado con letras de oro en la historia del toreo.
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