Publicado el 7.01.2010. Archivado en Opinión

Hace casi veinte años, concretamente el 16 de marzo de 1990,  que un joven valenciano, Enrique Ponce, tomaba la alternativa en Las Fallas, teniendo como padrino a José Miguel Arroyo “Joselito” y como testigo a Miguel Báez “El Litri”. Pronto se vió que si la suerte le acompañaba y la cabeza no le fallaba, habría figura del toreo durante muchos años. Y así fue. Con el paso de los años, su toreo fue ganando en temple, técnica, empaque y mando, hasta llegar a convertirse en uno de los grandes maestros del toreo contemporáneo.

Pero los años no perdonan, van pasando, sin prisa pero sin pausa. Y aquel joven valenciano, convertido en hombre y figura, ya piensa en la retirada. Con un palmarés inigualable y con muy pocos retos por conseguir, el diestro de Chiva va dando pistas de que su adiós puede estar cerca.

La lenta despedida de Ponce

El año pasado se despidió de Pamplona en silencio, eso si, con un terno blanco y plata y corbartín rojo. Todo un homenaje al ciclo sanferminero en el que no volverá a verse anunciado.

El domingo pasado, en el festejo que cerraba el ciclo de Cali, tras su faena al segundo de su lote declaró para una radio colombiana:  “Son ya veinte años y veo muy difícil volver a Cali, estas fechas deben ser para mi familia, mi niña, así que aprovecho los micrófonos para decirle adiós a una afición que me ha querido y respetado, no volveré pues mi despedida está cerca“. Ponce volvió a Cali para despedirse, pues hacía diez años que no hacía el paseíllo en Cañaveralejo.

Habrá que estar atentos a la próxima pista, quizás su plaza de toros de Valencia sea el escenario perfecto para ello.

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