Que la feria no está siendo buena es un hecho y no me sorprende. Cuando hay toros no hay toreros, cuando hay toreros no hay toros y en la mayoría de ocasiones ni hay toros ni hay toreros. Ha habido durante la feria faenas mejores y faenas peores, casi todas peores. Una de las peores ferias de los últimos tiempos. Muchos aficionados estarían preguntándose hasta ayer por qué renovarían el abono. Hoy saben la respuesta. La tarde de ayer de Morante de la Puebla vale el precio del abono.
Poco importa si cortó una oreja, poco hubiera importado si hubieran sido dos y menos hubiera importado si no hubiera cortado premio alguno. Poco importa que la faena fuera a menos y menos importa el pinchazo a la hora de pasaportar a su enemigo.
La fiesta es emoción. Algunos llegan a la emoción a través del valor y otros a través del arte. Ayer tocaba emocionarse a través del arte. Morante emocionó toreando con el capote como hacía años que no se veía torear en Madrid. Morante emocionó llevando el toro al caballo y emocionó en su turno de quites, el cual no fue replicado por Manzanares. No hace falta explicar la razón. Morante emocionó con su juego de brazos y muñecas, sin duda tocadas por los ángeles del toreo. Un toreo de capa como el que interpretó ayer Morante, solo podría haber sido replicado por Rafael de Paula si hubiera estado en el ruedo.

Y si emocionó con el capote, lo mismo sucedió con la muleta. Fueron dos series, solo dos, el toro no dio para más, pero fueron tandas de toreo relajado, cogiendo el toro delante y llevándolo hasta donde no llegaba el brazo, con las zapatillas y los riñones encajados, con el cuerpo totalmente abandonado a su suerte. Además Morante deleitó al público madrileño con esos detalles de toreo antiguo que tanto gustan en Madrid. Toreo puro y caro.

Que la espada no entró al primer intento, daba igual. Como si se lo hubieran echado al corral. La obra estaba hecha. El toreo de Morante estuvo cargado de sentimiento, empaque, duende, magia y toreria. El alma de Morante se había hecho presente en Madrid y estoy seguro que el público y el aficionado sabrá cuidar ese recuerdo como se merece, porque Morante emocionó hasta dando la vuelta al ruedo con lágrimas en los ojos.

Ahora puede continuar la feria, que toreros que abran la Puerta Grande habrá, aunque se me antoja complicado, pero emocionar como ayer hizo Morante, imposible.