Publicado el 22.05.2010. Archivado en Noticias de Toros

Eran las siete en punto de la tarde cuando arrancó un paseíllo formado por Eugenio de Mora, Serafín Marín y Luis Bolivar, y fue precisamente en ese momento cuando se vió lo más impactante de la tarde, pues el catalán Serafín Marín hizo el paseíllo con una barretina y envuelto en una bandera de Cataluña a modo de capote de paseo. Gesto valiente de un catalán, y sobre todo, de un torero.

La corrida de toros enviada por Baltasar Ibán resultó mansurrona, pero ofreció algunos toros manejables.

Eugenio de Mora sorteó dos toros sin raza y sin clase, que no se comían a nadie y como se suele decir debajan estar, y eso es precisamente lo que hizo el diestro toledano, estar por allí. Elaboró dos faenas de muchos pases pero de muy poco contenido. Lo más destacado de su actuación fueron las soberbias estocadas con las que pasaportó a sus oponentes, especialmente la recetada al cuarto de la tarde, que sin duda alguna será candidata a premio.

San Isidro: Una barretina y poco más

Serafín Marín se cruzó con un primer toro que repetía por el pitón izquierdo, y que no fue perfectamente aprovechado por el catalán. Tardo en cogerle el ritmo al de Ibán, y tan solo llegó el acoplamiento adecuado en una tanda. A partir de ahí la faena fue a menos, hasta que solo le quedó matar a su oponente. El segundo de su lote, muy deslucido y descastado, no le dió ninguna opción de triunfo.

Por último, el colombiano Luis Bolivar sorteó el peor lote de la tarde. Bolivar solo pudo demostrar su profesionalidad y honradez.

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